«Toda esta historia es absolutamente real… excepto por las partes que fueron completamente inventadas»1

Por Doric Martë
(Outsider con IQ ácido y detector de bullshit2 operativo; ‘porque 3si María fuera José, igual no serías tú’)

Mientras Bogotá celebraba su doble combo creativo, quedó claro que muchos en la industria aún se pasan el cuidado del ser humano por el arco del triunfo4… y por eso mismo, aplaudimos con más fuerza a quienes no lo hacen. Divos, divinas y divinidades: bienvenidos al zoológico emocional del networking.

En BAM5 y BOmm6 el talento no siempre es producir contenido, sino producirse a uno mismo. Aquí el mérito social se mide por visibilidad, no por valor. Y sí, empieza el show:

Está el que te pregunta qué haces mientras ya está escaneando el ambiente para detectar a alguien «más importante». La que sonríe mientras mentalmente te archiva por no tener un deal7 con Netflix8. El que escucha tus ideas con un «interesante…» mientras atiende una llamada imaginaria de Cannes.

Todo muy BAM. Muy BOOM. Muy BIM (que este último ni existe, pero suena caro).

Muéstrame tus logros y te diré cuánto vales. Aquí, no importa lo que creas, sino quién valida que lo creas bien. ¿Premios? ¿Coproductor europeo? ¿Reuniones en Berlinale9? Bienvenido al club. ¿No? Entonces sigue soñando… pero con prisa: ya empieza la próxima ronda de vinito o en el mejor de los casos de gin tonic10.

Los logros personales son como tarjetas de presentación en braille11: si no sabes tocarlos con respeto, no entiendes nada.

Porque no basta con ser brillante: hay que parecerlo. Y esa diferencia se nota en quién te escucha… y quién gira a brindar justo cuando empiezas a hablar. Supuestamente venimos a hacer negocios, pero lo que por lo general vemos es un ballet de egos: unos con tacones de validación internacional, otros tropezando con su dignidad.

El algoritmo social del mercado creativo es claro: quién te presenta, quién te mira, quién finge conocerte. Y sí, están los que saludan a todos… menos a ti. Te conocen, pero te ignoran como si fuera un performance de poder. ¿Miedo a que brilles? ¿O a que les recuerdes todo lo que no son?

Y si eres famoso, por favor: usa mis calzones como alfombra roja. Si no, mantente a la derecha… que va a pasar alguien más importante.

Estadísticas, porque el sarcasmo también se documenta: en 2024, solo 4 proyectos de ficción ganaron estímulos del FDC12 entre más de 100 aspirantes. Ese año se estrenaron 79 películas colombianas… que sumaron un triste 2,4% de la taquilla nacional. O sea: hacer cine ya es difícil. Que alguien lo vea, casi milagroso. Pero de eso no se debe hablar en estos eventos y menos de humanidad. Aquí todo es “proyección internacional” y “ecosistema creativo en expansión”.

El mensaje es claro: puedes crear. Pero que te escuchen es otra guerra. Puedes brillar. Pero necesitas que alguien con palanca te sostenga la linterna, y que si tienes mucha suerte que alguien hable por tu gremio de forma estratégica y justa en el momento correcto.
Porque no es que no quieran verte… es que estás compitiendo por atención con presupuestos de Hollywood.

Todos hemos soñado (y Anna Delvey13 lo dijo mejor). En la serie Inventing Anna14, su abogado lo resume perfecto: “Sinatra hizo un gran nuevo comienzo en Nueva York. Anna también. En su mundo, todos estaban fingiendo. Todos curaban sus vidas en Instagram. El dinero se hacía con hype15. Anna no se contentó con mirar. Ella quiso participar. Y todos podemos relacionarnos con eso. Un poco de Anna hay en todos nosotros.”

Ese monólogo es brillante porque habla del derecho a reinventarse. Pero también porque recuerda algo más profundo: nadie debería pasar por encima de otro para lograrlo.

El talento, como el fuego, puede iluminar o puede quemar. Y sí, todos queremos construir una marca, una narrativa. Pero una cosa es fabricarte. Otra es creerte el dueño de la fábrica. Y otra, mucho más tóxica, es usar tu poder para silenciar o ningunear a quienes aún no tienen “sello de validación”.

Touché16. Porque esta industria es una pasarela de identidades cuidadosamente editadas. Y entre ellas, desfila un espécimen particular, como en procesión: el que confunde experiencia con título nobiliario y a quienes denomino —con cariño clínico— portadores del síndrome del papá de los pollitos17.

Si te habla, lo hace como si fueras su asistente no remunerado. Te da consejos sin haberlos pedido. Si tú propones algo nuevo, él lo intentó en los 90… sin éxito, claro. Y si ve que brillas, saca una anécdota como extintor emocional. No es mentor, es filtro. Y su algoritmo está en modo avión.

Pero si ya llegaste lejos, ¿por qué no ser puente? “El que puede compartir una estrella… es porque tiene el firmamento dentro.”18

La verdadera estatura se mide en cómo tratas al que aún no ha llegado. Porque quien necesita apagar a otros para brillar, no es estrella: es interruptor.

Debemos tener claro que en medio de este circo de contactos, la verdad más incómoda es esta: muchos de los que llegan en solitario, con proyectos honestos, se van igual.
Pero no porque no tengan talento. No porque no valgan. Sino porque la lógica del mercado aún premia la apariencia sobre la autenticidad, y la jerarquía sobre la curiosidad.
Y, sin embargo, siguen viniendo. Siguen creando. Siguen presentando sus ideas frente a públicos que a veces aplauden, a veces bostezan, y otras veces simplemente no están mirando. Pero siguen.

Y aun así, a veces, basta con que alguien sea escuchado para salir con una chispa nueva.
A veces lo único que necesitan es un pequeño empujón: una referencia, un contacto, una corrección generosa… o incluso una simple mirada que les diga “sí, te vi, sigue”.
Porque el talento florece donde se le riega, no donde se le ignora.

El éxito no se hereda, se construye. Y si ya cruzaste el puente, tu deber es sembrar, no cercar. Crear es un acto de fe. Escuchar, un acto de poder. Usarlos bien, un acto de humanidad.

He asistido, he observado, he sentido. Y desde esa posición de outsider con IQ ácido –que no va por selfies, sino por sustancia– puedo decir que el verdadero espectáculo no está en las proyecciones ni en los vitrales de los teatros. Está en el comportamiento humano. En ese teatro invisible donde los creadores solitarios arrastran su sueño de carpeta en carpeta, y los ya establecidos miran por encima del hombro mientras repiten frases vacías como “conversemos” o “lo que necesites”, sin intenciones reales de responder a un correo.

No obstante, en medio del ruido, surgen joyas como Tokyo por Siempre, largometraje seleccionado en BAM 2024 y premiado en BAM 2025. Un filme entrañable, no solo por su historia, sino porque representa el primer largometraje donde ShowBiz Therapy –la metodología que diseñé para el cuidado del capital humano en la industria– pudo influir discretamente en el bienestar del crew. Filmada en el hostil pero imponente Cañón del Chicamocha, esta producción logró algo inusual: que su equipo llorara no por estrés, sino porque el rodaje se había terminado y se sentían cuidados, reconocidos, parte de algo. No es menor. Es urgente.

Cada proyecto en BAM o BOmm viene con ilusiones reales. No puedes interesarte por todo, ni debes. Pero sí puedes —y debes— respetar a cada persona con la que te cruzas. No se trata de andar regalando sonrisas indiscriminadas. Hay gente que no merece ni tu saludo, por grosera, indiferente o abusiva. A ellos también se les respeta… con distancia.

Así que sigamos asistiendo. Pifiando. Presentando. Ganando y perdiendo. Pero sin olvidar que detrás de cada pitch hay un ser humano. Uno que hoy no gana… pero mañana podría ser quien te dé trabajo. O quizá no lo vuelvas a ver nunca más. Porque no se trata de portarse bien “por si acaso”, ni de coleccionar gente como fichas de networking. Se trata de salud mental, de bienestar individual y social. De construir una industria donde la decencia no sea una estrategia, sino un reflejo. Porque sin eso, no hay industria que valga la pena.

La lección de BAM y BOmm no está en los paneles, ni en los comunicados oficiales. Está en las miradas esquivas, en los nombres que no se mencionaron. En los proyectos que no pasaron. En los “hablamos luego” que significan “no me interesas”. Pero también está en esa mano que sí se extendió. En esa conversación que sí se sostuvo. En esa productora que sí se sentó con alguien sin manager, sin agencia. Que no necesitó ver tu selfie con Almodóvar para saber que tenías algo valioso… y escuchó.

Entonces, ¿quién te crees tú?

¿El curador de lo que sí?
¿El oráculo de lo que va a pegar?
¿El algoritmo del gusto?

Si no puedes ver valor más allá de tu círculo, estás atrapado. Si necesitas seguidores para escuchar a alguien, eres esclavo. Y si te molesta que otros brillen, no estás en la cima: estás en pánico.

Donde vayas, ahí estás. Aunque nadie te reconozca en la alfombra. Aunque no te acrediten como “clave”. Porque al final, todos queremos lo mismo: ser vistos, ser oídos, ser respetados. Pero la grandeza no está en cuántos te siguen. Está en cuántos levantaste sin esperar nada a cambio.

Dime cuánto respetas a los demás… y te diré cuánto te respetas tú.

Y si no lo entiendes, vuelve a tu reunión importante. Yo me quedo aquí, empujando el próximo proyecto que nadie pidió… pero que ojalá algún día te conmueva.

Porque, al final, lo más indie19 del mercado sigue siendo el respeto. Ese que no se compra en stands, ni se mide en likes, ni se sirve con gin tonic. Ese que no tiene booth20, pero sí rostro, voz, sudor y dignidad.

Y aunque no te interese la historia de todos, nunca olvides que cada quien carga con la suya – a veces a cuestas, a veces remendada – pero siempre real.

(Toda esta historia es absolutamente real… excepto por las partes que fueron completamente inventadas).

  1. Frase utilizada al inicio de la serie «Inventing Anna» (Netflix, 2022). Sirve como advertencia estilística: aunque basada en hechos reales, la historia incluye elementos dramatizados o ficticios para fines narrativos. Así como las historias que narra este artículo ↩︎
  2. Bullshit: Discurso decorativo sin fondo, conducta impostada con pretensión de profundidad. Como outsider con IQ ácido y detector de bullshit operativo, identifico estas capas de falsedad estructural en ambientes creativos, corporativos y espirituales. Mi oficio es abrir la ventana y ventilar la habitación —con estilo, pero sin anestesia.  ↩︎
  3. “Porque si María fuera José, igual no serías tú.” —Frase dicha en una conversación del BAM, cuya genialidad prometí honrar en este artículo. A quien la pronunció, gracias por recordarme que ni las hipótesis más rebuscadas alteran la alquimia irrepetible de lo que uno es, esta frase desmonta la ilusión de los «y si…» existenciales. Porque aunque cambiáramos nombres, géneros o circunstancias, lo esencial de quien somos no se falsifica. En el fondo, tú no eres resultado de una fórmula intercambiable, sino de una alquimia única. ↩︎
  4. “Pasarse algo por el arco del triunfo” Expresión coloquial usada en Colombia para indicar que algo se ignora deliberadamente o se desprecia con desdén. Equivale a “no importar en absoluto” o “hacer caso omiso”, aunque con un giro más irreverente: alude a pasarlo simbólicamente por entre las piernas↩︎
  5. El BAM (Bogotá Audiovisual Market) es el mercado audiovisual más importante de Colombia. Reúne creadores, productores y compradores de contenidos para impulsar proyectos, generar alianzas y fortalecer la industria del cine y la televisión en América Latina. ↩︎
  6. El BOmm (Bogotá Music Market) es una plataforma de circulación y negocios que conecta artistas, compositores, productores y sellos de la música colombiana con compradores nacionales e internacionales, fomentando el crecimiento de la industria musical. ↩︎
  7. Deal: Acuerdo entre dos o más partes en el que se establecen condiciones específicas de colaboración, intercambio de bienes o servicios, usualmente en el marco de negociaciones profesionales o comerciales. O también puede ser: Esa palabra mágica donde se cruzan el arte de negociar, la promesa de colaboración y la expectativa (a veces ilusoria) de que todos ganen… o al menos lo parezca en la foto del brindis. ↩︎
  8. Netflix: Plataforma que fue rechazada por todos los grandes estudios cuando quiso venderles un sistema de distribución por internet. Hoy, desde la cima del streaming global, reparte premios, contratos y recordatorios de que nadie es profeta en su propio PowerPoint. / Esos a los que nadie invitaba a la fiesta de Hollywood hasta que llegaron con su propio after, su licor, su alfombra roja… y una lista negra de quienes no les creyeron. / La startup que intentó alquilarle DVDs a Blockbuster… y terminó enterrándola con una sonrisa, un algoritmo y 247 nominaciones al Emmy. 😉 ↩︎
  9. Berlinale: El festival de cine donde las películas no solo compiten por un Oso de Oro, sino por ver cuál logra que el público no huya a la mitad a fumar y filosofar sobre capitalismo tardío. Berlín, frío afuera y muy caliente en posturas ideológicas. ↩︎
  10. Gin tonic: El cóctel que pide alguien que quiere olvidar con clase, pero recordarlo todo en HD al día siguiente. Frío, amargo y perfectamente mezclado… como muchas relaciones públicas. ↩︎
  11. Braille: El arte de leer con los dedos lo que otros ignoran con la vista. O cómo muchos han logrado ver más en la oscuridad que otros con focos LED de ego encendido./ El último lenguaje que queda por aprender en el showbiz… especialmente útil cuando los ‘acuerdos’ están llenos de letras chiquitas y cero tacto humano. ↩︎
  12. El FDC (Fondo para el Desarrollo Cinematográfico) es una iniciativa del Estado colombiano, administrada por Proimágenes Colombia, que otorga estímulos económicos —reembolsables y no reembolsables— para el desarrollo, producción, posproducción, distribución y promoción de obras audiovisuales nacionales. Es una herramienta clave para fortalecer el cine colombiano y fomentar su presencia en festivales y circuitos internacionales. ↩︎
  13. Anna Delvey: la heredera que nunca fue, pero igual se comió Manhattan con post verdad y un brunch. ↩︎
  14. “Inventing Anna” (Netflix, 2022): miniserie de Shonda Rhimes que cuenta cómo Anna Delvey estafó a la élite neoyorquina fingiendo ser una heredera millonaria.
    ↩︎
  15. El «hype» es una palabra en inglés que se ha popularizado en muchos idiomas (incluido el español), especialmente en contextos de cultura pop, marketing y redes sociales. Significa:
    Expectativa exagerada o entusiasmo masivo generado en torno a algo —sea una persona, producto, evento o tendencia—, a menudo antes de que ocurra o se lance.
    ↩︎
  16. Touché = “Punto para ti” con una mezcla de reconocimiento, picardía y, a veces, resignación elegante. ↩︎
  17. Síndrome del Papá de los Pollitos: trastorno narcisista tropical en el que alguien cree que sin su aprobación, talento o nombre, nada ni nadie eclosiona. Cree que todos son sus pollitos… aunque nadie lo haya elegido como gallo. ↩︎
  18. Frase leída en IG, donde a veces el algoritmo también lanza estrellas. ↩︎
  19. Indie: independiente, alternativo, hecho con alma (y bajo presupuesto). ↩︎
  20. Booth: stand o espacio asignado a una marca o proyecto en ferias, mercados o eventos. ↩︎