Por Doric Martë

Rodamos sin dormir, comemos mal… ¡y encima aplauden!

Para quienes aún no me conocen —y ya era hora—, soy Doric Martë. Mi historia profesional comenzó en la moda y los negocios internacionales, un matrimonio feliz entre estilo y estrategia. Después me especialicé en imagen pública y política, porque entendí que no basta con verse bien: hay que saber comunicarlo. Y hace más de una década, el cine me encontró —o quizá yo lo encontré a él— y me convertí en productora audiovisual.

Desde entonces, he caminado más sets que pasarelas, y he estado tras bambalinas de cortos, largos, series y festivales. Pero hay algo que nunca he dejado de hacer: estudiar. Llevo más de veinte años observando, oliendo, analizando y registrando tendencias de consumo y comportamiento humano en más de diez mil lugares del planeta. Sí, diez mil. He visto lo mejor y lo peor de la humanidad en probadores, rodajes, aeropuertos, convenciones, pasillos de hotel y catering de festival.

Y hay algo que no podía seguir ignorando: detrás del glamour del entretenimiento, hay un ejército de personas maravillosas que apenas duermen, comen mal, viven estresadas, y que —aunque crean lo contrario— no son máquinas. Son humanos. Y el capital humano, como el capital financiero, se agota si no se cuida.

Por eso, decidí estudiar salud y nutrición integral en Nueva York y fundé ShowBiz Therapy, una organización que no da palmaditas en la espalda ni recomendaciones genéricas. Lo que hacemos es cuidar en serio, y con estilo, a quienes hacen posible la industria creativa. Porque sin personas sanas, no hay películas. Ni ideas. Ni arte. Ni nada.

Hoy quiero agradecer de corazón a Alina Hleap y a todo el equipo de SAPCINE por abrir este espacio tan necesario. Me alegra especialmente ver cómo se promueve la participación de la comunidad sordomuda; eso me confirma que el cine sigue siendo una herramienta para conectar mundos. Y que las conversaciones importantes —como esta— no deben postergarse más.

En esta charla propongo mirar de frente el backstage emocional y físico de la industria. No desde el drama, sino desde la posibilidad. Porque hablar de salud no es hablar de moda, ni de lujo. Es hablar de sostenibilidad real. Es entender que la salud no es un extra, es el principio. Es el negocio que precede a todos los negocios.

El cuerpo no es decorado. El crew no es una maquinaria desechable. Y el talento no florece en la fatiga. Si las películas nos cambian la vida, ¿por qué no empezar por cuidar a quienes las crean?

No se trata de perseguir la perfección, se trata de avanzar. De dejar de aplaudir el agotamiento como medalla de honor, y empezar a honrar el descanso, la nutrición, la estabilidad emocional y la salud mental como parte esencial del guion.

Como decía Einstein —que no era productor, pero algo sabía—: hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados distintos… es una locura.

Yo elijo otro camino. Y si estás leyendo esto, probablemente tú también.

Gracias por estar aquí. Gracias por abrir la conversación. Que viva el capital humano del cine iberoamericano… pero que viva sano, fuerte y con brillo propio. Porque lo que no se cuida, se pierde. Y lo que se cuida, trasciende.

Fuente de la imagen: Screenshot de IG: @sapcinecol